El alcalde de Nueva York apoya el vandalismo cuando cancela un programa destinado a limpiar a los edificios afectados por graffiti.

El alcalde de Nueva York apoya el vandalismo cuando cancela un programa destinado a limpiar a los edificios afectados por graffiti.

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En los últimos meses, la ciudad de Nueva York ha estado sumergida en una avalancha de personas pintando y dañando las fachadas de los edificios con graffiti. 

El Alcalde, que siempre ha sido débil a la hora de apoyar el orden, decidió cancelar un programa que estaba destinado a limpiar los edificios privados que eran afectados por los anarquistas con graffiti. 

La ciudad es la responsable de mantener el orden y debe de tratar de evitar este tipo de crímenes. Cuando por su falta de eficacia no lo logra prevenirlo, por lo menos debería de hacerse responsable de reparar los daños. Más aún, tomando en cuenta que muchos dueños de edificios no cuentan con muchos recursos para estos fines y que también han sufrido en los últimos meses por motivo de la pandemia del coronavirus.

Graffiti en los trenes de Nueva York

Aún se recuerda en los años 1980, cuando la ciudad estaba sumergida en crimen y graffiti por todas partes. Esto solo incentiva el mal comportamiento y aleja a las empresas o la inversión a la de negocios. En ese tiempo Nueva York decidió detener estos crímenes e hizo una campaña del sistema de tránsito donde acabó con el graffiti en los trenes y guaguas. Esa campaña se basó en la teoría de “Windows Rotos”. La idea más trascendente en la política urbana en los últimos 40 años. La teoría reconoce que el desorden físico y la falta de leyes de bajo nivel (graffiti, ruido, basura) transmiten un mensaje de desorden y de falta de autoridad. Esa ilegalidad de bajo nivel fomenta el desprecio por las normas públicas de comportamiento y la falta de respeto por los ciudadanos, que como conclusión también se multiplican los delitos graves.

Inside New York City's autonomous protest zone | Zawya MENA Edition
Graffiti en los edificios de Nueva York

Esa fue la campana que permitió que Nueva York después de que era una de las Ciudades más sucias y peligrosa del mundo, se convirtiera durante un transcurso de casi 20 años en una de las ciudades más limpias y seguras del mundo. Pero ese legado se acabó con el alcalde Bill De Blasio.

Nadie quiere estar en un lugar donde no exista la ley o el orden. Con esto el alcalde lo que demuestra es que no le importa el futuro de esta ciudad. 

Fuente: The Wall Street Journal

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